Desde la serenidad de Isonza y Amblayo en los Valles Calchaquíes hasta el exuberante verde de la selva montana del Valle de Lerma, esta travesía promete una aventura espiritual, fomenta la unión entre compañeros y ofrece un reencuentro con la simplicidad de la vida.

El viaje comienza al aligerar el equipaje, un concepto que se vuelve claro cuando recibo por correo electrónico la lista de esenciales para nuestro recorrido ecuestre de seis días por Salta.

La lista, que me es enviada con anticipación, sugiere lo básico: saco de dormir, un par de cambios de ropa, protección solar, gafas, un sombrero adecuado, abrigo, polainas, una botella de agua, linterna, y poco más.

La premisa es sencilla: si dudas en llevar algo, mejor déjalo. Con un límite de 10 kilos por persona, esta regla cobra especial importancia. Eduardo Finkel, de Pioneros Cabalgatas, confirma esto cuando me entrega las alforjas en mi hotel. Con solo 10 kilos permitidos, el desafío de empacar se hace evidente.

Primer Día: Inicio de la Aventura

Eduardo nos recoge en una combi a las 10 de la mañana. Nos acompañan Horacio y María Battellini, padre e hija que ya han compartido aventuras con Eduardo, además de una pareja de holandesas, Marijke y Danielle Luinenburg, y Elise Herzog, una francesa que ha estado recorriendo Sudamérica. Todos comparten una pasión: el amor por los caballos.

El viaje en combi nos lleva por la RN 68 y luego por la RP 33, ascendiendo la Cuesta del Obispo hasta llegar a Piedra del Molino. Allí, nos esperan los caballos y los baqueanos Delfín y Federico Flores, quienes nos guiarán durante estos seis días. Tras un ligero almuerzo, Eduardo nos brinda instrucciones para la cabalgata, enfatizando la naturaleza amigable pero impredecible de los caballos.

Me asignan a Pimentón, un caballo zaino de temperamento apacible. Con las alforjas aseguradas y mi bolsa de dormir acomodada, me acomodo en el apero cordillerano, listo para emprender el camino.

Inicio de la Cabalgata Bajo el Cielo Nublado

Arrancamos nuestra aventura ecuestre en fila, bajo un cielo cubierto de nubes, descendiendo por la Cuesta Chica hacia Isonza. Este pequeño pueblo, dotado de escuela e iglesia, queda atrás tras dos horas de tranquila marcha, llevándonos finalmente a Peñas Blancas. Acampamos junto a un lecho de río seco, el Salado, enclavados entre la sierra del León Muerto y la sierra Pelada.

Aquí, Eduardo establece nuestro campamento en un refugio de adobe equipado con lo esencial. Nos reciben con bebidas calientes y snacks para reconfortarnos mientras nos instalamos. A pesar de contar con comodidades básicas y energía solar, estamos desconectados de señales de móvil y wifi.

La cena supera las expectativas: una exquisita preparación de colita de cuadril, chorizos, papas y cebollas asadas, acompañada de ensaladas y vino. Los ingredientes frescos, transportados en la combi, marcan el inicio de una rutina donde la provisión será portada por mulas.

Segundo Día: Entre Nieblas y Descubrimientos

La noche trae un sueño inquieto y una lucha interna sobre si levantarme o no. La mañana nos recibe con una densa niebla que retrasa nuestra partida. Eduardo y Delfín debaten el mejor camino a tomar, con planes de explorar los alrededores y regresar al campamento al final del día.

A medida que la niebla se aclara, nos aventuramos hacia la cuesta del Chivo, sumergidos en un ambiente de misterio que captura la atención de Xavi, en busca de la foto perfecta.

El almuerzo en Peñas Blancas es sencillo pero satisfactorio, aprovechando las sobras de la noche anterior en un delicioso salpicón. Con la niebla disipada, nos dirigimos hacia El Mollar. Al llegar, dejamos los caballos y ascendemos a pie hasta un alero decorado con pinturas rupestres, testimoniando la vida de antiguos agricultores y llamas.

Un mirador cercano nos ofrece vistas impresionantes de la montaña, introduciéndonos en la vastedad del primer valle calchaquí, como nos explica Eduardo, uno de los tres valles paralelos a la RN 40.

Regreso al Campamento y Noche Bajo las Estrellas

El retorno al campamento lo hacemos siguiendo el lecho seco del río Salado, guiando el ganado y disfrutando de un energético galope. Queda claro que las europeas, protegidas con cascos, no solo tienen una pasión por los caballos, sino que además son excelentes jinetes.

El paisaje se adorna con cabras de campos vecinos, mezclándose entre el coirón y arbustos de peludilla. Eduardo, con la precisión de un mapa militar, nos ilustra la ruta recorrida. La cena, fideos tirabuzón con salsa, se acompaña de la calidez de un fogón, esencial ante el frío nocturno.

Entre risas y anécdotas, el grupo derriba mitos sobre la frialdad nórdica, mientras que la camaradería y el humor universal de Horacio y María enriquecen la velada. La música de Xavi, interpretando «Luna Tucumana» con un bombo improvisado, nos hace sentir a todos un poco más en casa.

Tercer Día: Despedida y Nuevos Paisajes

Tras una noche de descanso profundo y un amanecer soleado, como anticipó Delfín, es momento de preparar las mulas. Dejamos atrás Peñas Blancas, avanzando hacia el sur en una procesión silenciosa, donde los diálogos son esporádicos y cada quien se sumerge en su experiencia personal. La vegetación cambia, y las cortaderas, molles y cardones dominan el paisaje.

Al mediodía, nos detenemos bajo un sauce para un almuerzo al aire libre, seguido de una breve siesta al sol. El lecho del Salado se blanquea por un fenómeno natural desconocido, mientras un cóndor nos observa desde las alturas y la imponente sierra Pelada se erige a nuestro lado.

Nuestra llegada a Amblayo, un refugio a 2.450 metros sobre el nivel del mar, nos recibe con su serenidad, sus álamos y su pintoresca iglesia. El alojamiento en el hostal de la familia Villada brinda el ansiado confort de una ducha tras días de travesía.

La noche nos regala milanesas con puré y la posibilidad de reconectar digitalmente. Aprovecho para compartir mi gratitud y reflexiones con mi familia, reconociendo el valor del tiempo al aire libre y la importancia de desconectar de la tecnología para reconectar con lo verdaderamente esencial.

Cuarto Día: Explorando Amblayo

Este día se presenta con una agenda distinta: los caballos reposan mientras nosotros exploramos Amblayo a pie, un enclave prehispánico de apenas 150 residentes, cifra que asciende a 400 con la llegada de personas de áreas circundantes. La localidad se estructura alrededor de dos calles y una plaza dedicada al General Martín Miguel de Güemes.

Destaca su escuela rural, que ofrece educación primaria y secundaria, incluyendo lecciones prácticas de agricultura como el cultivo de habas y maíz. Además, cuenta con un dispensario médico, atendido por enfermeros y visitado semanalmente por un médico y un dentista, mientras que los partos se realizan en Cachi.

La festividad más destacada es en honor a la Virgen de La Candelaria, celebrada el segundo sábado de febrero, atrayendo visitantes para disfrutar de misas, procesiones y bailes con música regional. Mercedes Arana, local ocasional y residente en Salta, comparte su conexión con el lugar y nos introduce a su familia y sus actividades rurales.

Nos topamos con Vicente Guanucho, ex puestero y dueño de una llamativa casa de adobe, quien rememora tiempos más lluviosos y productivos. Su relato sobre la tradición quesera de la zona y su vida dedicada al campo enriquece nuestro paseo.

Quinto Día: Dulce de Leche y Despedida de Amblayo

La mañana comienza destacando las virtudes del dulce de leche, un manjar local que María introduce a nuestras compañeras europeas. Tras preparar las mulas, partimos de Amblayo hacia El Churqui, adentrándonos en un tramo del viaje sin cobertura celular.

El paisaje se compone de cardones centenarios, algarrobos, arena y viento, marcando nuestra despedida de los valles Calchaquíes en silencio, pero en compañía.

El almuerzo se disfruta en un refugio solitario, preludio de la ascensión a la sierra del León Muerto. Esta etapa demanda confianza y entrega, pues el camino serpentea por alturas y precipicios. Reflexiono sobre mi creciente confianza en Pimentón, mi compañero equino, y la gratitud por su juventud y entusiasmo en esta aventura compartida.

Ascenso a las Yungas

Iniciamos la jornada ascendiendo, divisando a un lado el árido valle Calchaquí y al otro el frondoso valle de Lerma, nuestro destino. Al descender, nos adentramos en el bosque de altura, recibidos por brisas húmedas que anuncian nuestra entrada a las yungas.

Nuestros caballos nos llevan a través de una vegetación densa y espinosa durante tres horas hasta llegar a El Churqui, un remanso junto a un arroyo homónimo, a 1.700 metros sobre el nivel del mar. En este refugio rural, una cálida bienvenida nos aguarda con delicias locales preparadas en una construcción tradicional de adobe.

Último Día: Travesía por la Montaña Verde

Descendemos por una montaña rebosante de vegetación, un contraste radical con el paisaje del día anterior, realzando la diversidad de Salta. El calor se hace presente mientras seguimos el curso del río El Churqui, agradeciendo los momentos de frescura bajo la sombra de los árboles.

En ciertos tramos, guiamos a nuestros caballos a pie por senderos estrechos, asegurando un paso seguro. La jornada concluye con la promesa de Eduardo de que el final está cerca, marcado por el entusiasmo y la camaradería del grupo.

Conclusión de la Aventura

Tras un viaje enérgico, llegamos a nuestro punto final en La Viña, donde una combi nos espera para retornar a la civilización. El último almuerzo juntos es un momento de unión y risas compartidas, cerrando con broche de oro esta experiencia de seis días. Despido a Pimentón con gratitud y me dirijo al hotel, llevando conmigo solo lo esencial y el recuerdo de una aventura inolvidable.

Información Útil

Pioneros Cabalgatas es reconocido por sus excursiones de seis días partiendo de Salta, incluyendo caballos, alojamiento y comidas, con próximas salidas programadas para septiembre y octubre de 2024, a un costo desde $450.000 por persona. Además, ofrecen la experiencia única del Cruce de los Andes.

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