La cocina turca ofrece una variedad de sabores que incluyen sus bebidas, siendo el café turco uno de sus regalos culinarios más valorados internacionalmente, y que ha conquistado paladares en México.

Este café se distingue por ser una bebida caliente y densa, preparada tradicionalmente sobre arena, y cuya textura es más cercana a un brebaje espeso que a un líquido. Su popularidad ha trascendido fronteras turcas, posicionándose como una de las contribuciones más apreciadas de la gastronomía de este país.

El café turco se caracteriza por ser una experiencia única, tanto en su elaboración como en su degustación, ya que se sirve en pequeñas cantidades y a menudo se acompaña de dulces típicos de la zona, aunque también se disfruta solo. Con su expansión internacional, esta bebida ha experimentado variaciones, manteniendo siempre su receta tradicional.

Historia del café turco

Inicialmente conocido como «café armenio», el café turco fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, destacando su peculiar sabor y método de preparación turco.

Se elabora con café arábigo finamente molido hasta obtener una textura casi en polvo. Debido a su fuerte concentración, se sirve en pequeñas tazas sin asas y con escaso azúcar, aunque los más puristas prefieren omitir el endulzante.

Proveniente del Medio Oriente, es un elemento esencial en los menús de restaurantes turcos, armenios y balcánicos. Aunque ha sido adaptado por otras culturas que le añaden ingredientes locales como leche o crema, su introducción en Estambul en el siglo XVI por el gobernador otomano de Yemen, Özdemir Pasha, marcó el inicio de su popularidad, a pesar de las restricciones iniciales por considerarse una sustancia potencialmente nociva según las creencias de la época.

Con el tiempo, al demostrarse que no era perjudicial para la salud, su consumo se extendió a países como Gran Bretaña y Francia durante el siglo XVII, convirtiéndose en un elemento de prestigio en reuniones de la alta sociedad. Actualmente, el café turco se disfruta en una amplia gama de lugares alrededor del mundo, desde cafeterías especializadas hasta como acompañamiento en diversas cocinas locales.

¿En qué se diferencia el café turco de otros cafés?

La singularidad del café turco radica no solo en su preparación y servicio, sino también en su textura finamente molido y su intensidad. Para preparar un auténtico café turco se requiere un conjunto específico de utensilios, incluyendo un cezve (un pequeño recipiente de cobre con mango de madera), una cucharilla y arena caliente.

El proceso consiste en calentar la arena, sobre la cual se coloca el cezve con agua y café hasta que la mezcla hierva, para luego servirse en diminutas tazas similares a las empleadas para el sake.

Debido a su temperatura elevada, se aconseja beberlo con precaución, sosteniendo las tazas por los bordes y alternando sorbos de café con agua fresca. Es tradicional disfrutarlo junto a dulces, como el baklava.

Además, se le atribuyen propiedades adivinatorias al café turco, conocidas como taseografía. Esta técnica consiste en terminar el café, invertir la taza sobre un plato y dejar que los residuos formen patrones que el taseógrafo interpreta como predicciones.

¿Cuál es la intensidad del café turco y cómo se disfruta?

La intensidad y el sabor distintivo del café turco varían según la región y los ingredientes adicionales. En el sur de Turquía, por ejemplo, se enriquece con pistachos para añadir un toque dulce, mientras que en Arabia se prefiere el cardamomo, otorgándole un aroma y sabor frutal. En Túnez, incluso se le agrega esencia de flor de naranjo.

En Marruecos, la versión local conocida como «café con especias» incluye canela, jengibre, pimienta y clavo, entre otros, brindando una experiencia gustativa intensa que suele suavizarse con la compañía de pasteles y otros postres dulces.

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