Gastronomia

Reabre La Giralda, la tradicional confitería del chocolate con churros

7 Ago , 2020  

Una testera enrejada y una vitrina decorada con viejos envases de botellas y galletitas cubiertos de polvo dan cuenta del fin de una temporada y del inicio de otra para La Giralda. Después de estar sumido en el olvido, dentro de este icono de la avenida Corrientes un equipo de restauradores trabaja en secreto a fin de que en poquitos meses la simbólica confitería reabra con todo el encanto de las viejas lecherías de la urbe, donde se tomaba el tradicional chocolate con churros.

La Giralda es de aquellos pequeños bares porteños que siempre y en toda circunstancia resistieron al paso del tiempo. El local prácticamente jamás fue remodelado; sus dueños, los Nodrid, deseaban que se sostuviera igual que a inicios de siglo, con los azulejos blancos y las mesas de tapas de mármol blanco que combinaban con sillas Thonet, en las que se sentaron personajes de la historia como Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi y Raúl Alfonsín, y versistas, actores y músicos de la talla de Mercedes Insípida o bien Leonardo Favio.

No obstante, el local no era extraño a las crisis económicas. Los últimos tiempos, sumados a los meses que tuvo su vereda en obra por los trabajos de peatonalización de la avenida, hicieron de él un negocio imposible y fue puesto a la venta. Ahora, de la mano de nuevos dueños, La Giralda aspira a ser de nuevo una parte del circuito porteño de librerías, pizzerías, cines y restaurants de la renovada arteria porteña.

“La idea es reflotar La Giralda con la ayuda de un bazar mayorista de equipamiento gastronomico, aggiornarla. Es un reto superinteresante en tanto que procuramos revivirla conforme con lo que es el consumo moderno; o sea, conjuntar la vieja Giralda con la cocina de hoy”, adelantó a LA NACION el empresario gastronómico Nicolás Márques, quien al lado de su asociado Gabriel García, cerraron un contrato con los Nodrid para arrendar el local por doce años. Conforme Márques, la idea es sostener el ánima del bar, tanto en la arquitectura como en la gastronomía, con lo que van a seguir sirviendo los habituales platos y bebidas dulces, conjuntados con cenas y almuerzos.

Los empresarios, dueños asimismo de la Confitería La Ópera desde mil novecientos setenta y dos, cuentan que se enteraron de que La Giralda no estaba bien a nivel económico y se aproximaron para hacer la propuesta de reabrir este bar declarado notable, en un intento por regresar a captar todo género de público a sus mesas. Estiman que para fines del año vigente, o bien principios del próximo, podría ser reabierto. Los incita el hecho de que está en una de las zonas de mayor afluencia de público, la cuadra de Corrientes entre Rodríguez Peña y Libertad, explicaron.

En la confitería, situada al mil cuatrocientos cincuenta y tres de esa avenida, el equipo de arquitectos del estudio Pereiro, Cerrotti & Asociados trabaja en el rescate de los elementos que caracterizaron la confitería cara mil novecientos treinta, cuando inmigrantes españoles, aprovechando que tenían al Teatro Politeama enfrente y viendo las posibilidades económicas de un sitio pujante, inauguraron La Giralda en la planta baja de un edifico proyectado por el alemán Carlos Nordmann, a inicios de siglo veinte.

“Nos interesa preservar la testera completa con sus vitrinas y su carpintería de roble, la boiserie con sus finos detalles de marquetería y los espéculos grabados al ácido, esto es, con una técnica ya extinguida hace múltiples décadas que se marchan a replatear para devolverles su esplendor original”, explicó el arquitecto técnico Gustavo Cerrotti, del mentado estudio, para quien es esencial que los diseños nuevos respeten la antigüedad y la historia del local.

Entre los nuevos diseños se resaltan el cielorraso de yeso con moldura perimetral, la barra que se fabricó íntegramente en madera -con tableros y bastidores al modo de la temporada, con su pasamano de bronce en su longitud- y en el fondo del salón un enorme vitraux transiluminado con el motivo de La Giralda, que recordará a los clientes del servicio el viejo cuadro que con ese motivo original estuvo a lo largo de muchos años colgado allá.

El equipo de arquitectos expertos en gastronomía, autores de la reforma de la Confitería Ideal, asimismo rediseñaron en un caso así 4 instrumentos de iluminación originales y el mueble-vitrina exhibidora de minibotellas de bebidas. En lo que se refiere al sistema de calefacción y aire acondicionado, se integró de forma de tener una distribución uniforme sin emplear conductos a la vista. Asimismo se fabricó un separador de mesas hecho herrería artesanal y adornado con detalles en bronce servirá para ordenar el salón.

Un sitio mítico
Al lado de La Paz y La Martona, cerrada el año pasado, La Giralda es parte del circuito de confiterías simbólicas porteñas, por eso su próxima reapertura sostenga pendientes a habitués de Corrientes y a mercaderes de la zona. Conforme Ezequiel Leder Kremer, dueño de la reputada Librería Hernández, situada enfrente, “La Giralda era un sitio muy propio, que tenía entorno propio, un sitio entrañable, un bar de citas. Ojalá vuelva”, deseó. El lugar era una parte del circuito cultural de lectores y de compradores de libros: se observaba a bastante gente leyendo, “con un café se pasaban horas”, explicó el librero.

En contraste a otros bares como La Paz, donde la gente se reunía para ser vista, “La Giralda era un sitio más solitiario, recoleto, de personalidades. El visitante tenía más intimidad”, añadió. Esto se debía a que jamás cambió, aun cuando en mil novecientos cincuenta y uno pasó a manos de Antonio Nodrid y después a sus descendientes; siempre y en todo momento prefirieron no actualizarlo a fin de que preservara su identidad.

La nueva de la vuelta de La Giralda asimismo alegró a los abogados que concurren al edificio del Instituto Público de Abogados, ubicado al lado. “Sentimos mucho cuando cerró. Con mis colegas acostumbrábamos a juntarnos acá a tomar un café. Va a ser muy bienvenida la reapertura”, afirmó Enrique Giménez Porti, quien recordó asimismo las exquisiteces con las que acompañaban el café y que se ofrecían dentro campanas de vidrio, como alfajores de maicena, pebetes y evidentemente los conocidos churros, distintivo de la casa.

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